Cuando las multitudes del fin de semana empiezan a abarrotar La Jolla, algunos prefieren hacer un viaje un poco más lejos o explorar algo nuevo. A solo 45 minutos en coche por la I-5, hay un tranquilo y espectacular pueblo de surfistas que te hace sentir como si estuvieras en la costa mediterránea. Pero aún hay más: ¡puedes evitar el tráfico por completo y simplemente subirte al Pacific Surfliner para llegar allí! Bienvenido a San Clemente, oficialmente conocida como la «aldea española junto al mar».
San Clemente, una joya local que no te puedes perder
Fundada en la década de 1920 con la estricta condición de que sus edificios reflejaran la arquitectura neocolonial española, esta localidad costera es una obra maestra visual. En lugar de bloques de pisos acristalados o paseos marítimos abarrotados, la costa está salpicada de paredes blancas, tejados de tejas de arcilla roja y unas impresionantes buganvillas.
Si buscas una escapada de fin de semana muy bonita y relajada que no requiera mucha planificación —sin vuelos ni hoteles—, esta es la tuya.
Planea un día perfecto

Nada más bajar del Amtrak, empieza el día paseando por la Avenida Del Mar, una calle del centro con mucho encanto repleta de boutiques independientes, bares de vinos y cafeterías locales. Desde allí, puedes dar un paseo hasta Casa Romántica, una finca histórica de los años 20 con impresionantes jardines frente al mar y una historia clásica californiana.
Pero la verdadera razón por la que los locales dejan de lado las grandes costas para venir a este oasis de tranquilidad es el sendero peatonal de la playa de San Clemente. A diferencia de los paseos marítimos pavimentados más al sur, este sendero virgen de 3,7 km discurre en paralelo a las olas rompiendo… ¡y al Amtrak! Es un lugar súper relajado, muy fotogénico y perfecto para ver a los surfistas… todo ello sin tener que pelearte por un trozo de arena.
Es la escapada de un día al estilo europeo definitiva, justo en nuestro patio trasero. Y como sabe cualquiera que haya viajado en el Pacific Surfliner… el (precioso) trayecto forma parte de la experiencia.